Exposición sobre la obra de Francisco Herrera Luque: Los avatares de un país
Abierta hasta el 31 de enero 2015

Palabras de bienvenida de María Margarita Herrera:


La Luna de Fausto traducción al alemán
En la casa del pez que escupe el agua
Viajeros de Indias
Los amos del valle
Bolívar de carne y hueso
1998
El vuelo del alcatraz

Cuadernos de trabajo con la secuencia de personajes de sus obras


Cuadernos de trabajo con la secuencia de personajes de sus obras

Su escritorio de trabajo lo recuerda en la Biblioteca Herrera Luque


Máquina de escribir eléctrica de Francisco Herrera Luque


Marianella Montenegro (Gerente Biblioteca Los Palos Grandes), María Margarita Herrera (Gerente Biblioteca Herrera Luque) y Albe Pérez (Presidenta Fundación para la cultura y el turismo Chacao)

Albe Pérez, María Margarita Herrera, Marianella Montenegro y Manela Lizarzabal (Diseñadora gráfica)

Roberto Lovera De Sola (Crítico literario y amigo personal de Herrera Luque), María Margarita Herrera, Bernardo Herrera (hijo de Herrera Luque) y Manela Lizarzabal

Manuel Rojas Pérez (Concejal Municipal de Chacao)

Blocks de trabajo
Detalle de block de trabajo de Herrera Luque


Los personajes de Herrera Luque acuden a su encuentro
Personalidades psicopáticas

En la casa del pez que escupe el agua de Francisco Herrera Luque
con los invitados especiales Ivonne Rivas y Carlos Sandoval
quienes sostendrán una interesante conversación en el marco de la exposición
Los avatares de un país*.

Fecha: miércoles 26 de noviembre de 2014
Hora: 05:00 p.m.
Lugar: Biblioteca Herrera Luque
Dirección: 3ra. avenida entre 2da. y 3ra. transversal,
Biblioteca Los Palos Grandes, sótano 2.
0212 2147966
Entrada libre





Pudiéramos decir que esa sociedad que pinta y analiza Herrera Luque tiene normas permanentes.
Cambian algunos apellidos, cambia el estilo de los trajes, el tamaño de las corbatas, los medios de transporte
pero el comportamiento de la gente de
En la casa del pez que escupe el agua
no varía, es la misma de los tiempos de Páez en La Viñeta.
Ese fue Herrera Luque en su afán de querer entender a Venezuela,
en su amor a Venezuela.

Ramón J. Velásquez

*Abierta hasta el 31 de enero 2015

Actividades Sábado 22 de Noviembre de 2014




Fundación Francisco Herrera Luque invita al HOMENAJE A ELIO GÓMEZ GRILLO. Con los invitados especiales: Dilia Parra Guillén: Profesora de la Universidad Central de Venezuela, Sonia Sgambatti: Presidenta de la Federación Venezolana de Abogadas, Emilio Arévalo: Discípulo del Dr. Elio Gómez Grillo y Profesor de la Universidad Pedagógica Experimental Libertador, Pablo Ojeda: Ex Director Decano del Instituto Pedagógico de Caracas UPEL y Jaqueline Suárez Vegas: Jefa del Departamento de Pedagogía de UPEL-IPC quien presentará “Testimonio de una época… Elio Gómez Grillo”. Sábado 22 de noviembre a las 11:00 am. Coordinación: Carlos Nieto Palma.










Fundación Francisco Herrera Luque se une a la celebración del 6to. Festival de la lectura Chacao 2014 e invita a la Conferencia: EN TORNO A LA ACUARELA, ALREDEDOR DE LA LECTURA, con la artista plástica Eglée Manzo Travieso quien realizará un recorrido en imágenes por la historia del arte para comprender cómo se ha desarrollado la acuarela a través del tiempo y cómo se inserta en sus distintos períodos. El sábado 22 de noviembre 2014 a las 05:00 pm.

Dirección: Biblioteca Herrera Luque, ubicada en la 3ra. avenida, entre 2da. y 3ra. transversal, Biblioteca Los Palos Grandes, sótano 2, Los Palos Grandes.Información: fundacionherreraluque@gmail.com - www.fundacionherreraluque.org - 0212 2147966. Entrada libre.

Según Herrera Luque: "Una historia vergonzosa"

AUTOR: Debemos cuidar nuestros héroes, no sólo por justificado reconocimiento a sus desvelos, sino por su acción ejemplarizante. En todos nuestros actos hay un trasfondo egoísta. El héroe no escapa a esta casualidad. Sólo que en medio de la ruindad general es poco, muy poco lo que pide: vivir en el recuerdo de las generaciones venideras. En Venezuela, país regido por la fuerza, los bizarros sacrificios de innumerables héroes han sido olvidados, tergiversados o reducidos a su más mínima expresión por los triunfadores contra los cuales insurgieron, y que al fin y al cabo escribieron la historia. ¿Cuántos venezolanos que sufrieron cárceles y persecuciones durante las diversas dictaduras, y en especial en la de Juan Vicente Gómez, yacen olvidados, aun por sus propios nietos? Si en otras latitudes se afirma, “El crimen no paga” entre nosotros lo que dice esta abuela, esposa y madre de olvidados perseguidos, se ha convertido en lema de la sabiduría popular:
VOZ DE VIEJA: ¿Adónde vas, José Manuel, con esa pistola?
VOZ JUVENIL: A derrocar al tirano, abuela. Voy a cumplir con mi deber.
VOZ DE VIEJA: (Muy alterada y gimiendo) ¡Ay, mijito! ¿Tú también vas a seguir los pasos de tu padre y de tu abuelo, que además de podrirse en la cárcel nos dejaron en la miseria, para que nadie, ni sus propios hijos les dediquen un recuerdo? Déjate de zoquetadas que si está de Dios que tumben al tirano, serán otros y no tú los que se beneficien.
VOZ JUVENIL: ¿Pero abuela.... y la patria?
VOZ DE VIEJA: ¿Qué patria ni qué ocho cuartos? A este país no lo compone nadie y menos los muchachitos como tú. Váyase inmediatamente a estudiar para que se gradúe y gane bastante plata para que nos saque de abajo. Piensa mijito con la cabeza y déjate de locuras que no conducen a nada. En Venezuela lo único que vale es la plata que tengas...
NARRADOR I: Entre nosotros, los quijotes están expuestos al escarnio. Es la forma como el hombre mayoritario se resguarda contra la culpabilidad de no seguir su ejemplo. A finales del siglo pasado, uno de nuestros más ilustres intelectuales que luego de largas luchas por la justicia terminó capitulando y arrastrándose ante el déspota de turno, así le respondió a uno de sus discípulos cuando éste le increpó airado en medio de una selecta concurrencia:
VOZ JUVENIL: Dígame una cosa, doctor: ¿por qué se prostituye?
VOZ MADURA: Para que no se prostituyan mis hijas... (Risa general de los presentes)
VOZ I: ¡Qué chispa la de mi doctor!
VOZ 2: Le dio por la misma oreja al zoquete ése...
NARRADOR 2: En este mismo tono de cómplice regocijo lo decían o todavía lo dicen los libros de historia de Venezuela a la hora de comentar el heroico reclamo que Fermín Toro le hizo a sus colegas del Congreso aquel trágico 24 de enero de 1848, en que las tropas del presidente José Tadeo Monagas entraron a saco en el sagrado recinto y comenzaron a disparar contra los diputados y senadores. (Ruido de gente en armas, disparos de fusil, gente que huye, gritos de muerte, vivas a Monagas, mueras a los rebeldes.)
NARRADOR I: Los congresantes, aterrorizados por aquella horda de asesinos, trataban de escapar, saltando por las ventanas, trepando por las escaleras. Dentro de la confusión general se impuso la voz de Fermín Toro:
FERMÍN TORO: ¡Deténganse, diputados y senadores de Venezuela! No huyamos como cobardes. Si hemos de morir ante los desmanes del déspota, que sea como romanos. Que cada quien se quede en su sitio.
NATTADOR I: Ya las palabras de Fermín Toro lograban su efecto paralizante sobre congresantes y asesinos cuando la voz criolla y burlona, que correspondían al diputado Palacio Fajardo, se hizo sentir:
PALACIO FAJARDO: ¡Barajo, tercio y parada! ¡Yo soy del Mijagual y llanero no muere enchiquerado! ¡A correr se ha dicho y sálvese quien pueda!
NARADOR 2: A las palabras de Palacio Fajardo se reinició la estampida con el diputado del Mijagual a la cabeza. Los textos de historia o los encargados de enseñarla, al llegar a este vergonzoso capítulo, celebran sin reserva su aguda sinvergüenzura, dando a entender que era la justa respuesta ante la ingenuidad romántica de uno de los venezolanos más sabios, rectos y ejemplares nacidos en este suelo.
NARRADOR: Los que ocupan cargos públicos de tal representatividad olvidan que la muerte y el peligro son sus eternos compañeros.
NARADOR 2: Alguien dijo en cierta ocasión que la mejor tumba de un rey es su trono. Hay ciertos momentos en que los dignatarios están obligados a sacrificar todo, incluso sus vidas, como intentara hacerlo Fermín Toro.
NARRADOR I: Los que son capaces de tamaños sacrificios son los que merecen el nombre de héroes, y es a ellos hacia quienes se vuelven las generaciones en busca de inspiración cuando llegan las horas cruciales.
AUTOR: A partir de aquel fatídico día, el respeto por las instituciones que se había tenido en la naciente República por dieciocho años, comenzó a agrietarse. Monagas fue el primer dictador frontal que tuvo Venezuela. ¿No hubiese sido preferible para la salud del país que los congresantes de 1848 hubiesen muerto como romanos? Yo estoy seguro de que sí.
La mejor educación es el ejemplo. ¿Cuántas veces los representantes de la autoridad legítimamente constituida se han visto atropellados en este siglo y medio que data desde aquel día? La respuesta que siempre he oído a los culpables cuando se les echa en cara su ausencia de coraje y dignidad es respondernos sanchopancinamente: ¿Y qué querían ustedes que yo hiciera? ¿Dejarme matar como un pistolo? Y como para darle más fuerza a su argumentación nos repiten lo que tantas veces hemos oído sobre la vez aquella en que Monagas hizo esto y aquello... y lo que sabiamente le respondió Palacio Fajardo al iluso Fermín Toro. ¿No creen ustedes que ha llegado la hora de ponerle a esta triste historia el trasfondo adecuado o por lo menos dejar de contarla? Puede que sí, pero lo veo difícil: en los cenáculos políticos los llaneros de Mijagual son mayoría abrumadora.

LOS AVATARES DE UN PAÍS (15/11/2014)

Fundación Francisco Herrera Luque tiene el placer de invitarle a la exposición

LOS AVATARES DE UN PAÍS
La obra de Francisco Herrera Luque donde sus protagonistas vienen al encuentro del autor y de la historia, tras 500 años de vicisitudes.



AUTOR: Durante la Colonia y primera mitad del siglo XIX, Barinas fue una de las ciudades más prósperas de Venezuela, llegando a tener una población de quince mil habitantes, que si hoy la cifra nos parece exigua, en aquellos tiempos era más que representativa. Bogotá tenía veinte mil habitantes, Caracas cuarenta mil y México y Nueva York no excedían el centenar de mil. Era rica en cueros, cacao y en especial tabaco, una de sus exquisiteces más codiciadas.
NARRADOR I: Dice la leyenda que el famoso tabaco de Virginia procede de las cepas barinesas, que por desgracia fueron arrasadas durante la Guerra Federal, sin que nunca más se volviese a dar en nuestra tierra aquel maravilloso tabaco, delicia de príncipes y magnates del mundo entero.
NARRADOR 2: Todavía se encuentran verdaderas piezas de museo, recipientes de porcelana con el nombre de Barinas, destinados a guardar aquel tabaco milagroso que para siempre desapareció de Venezuela, por obra de nuestra tremenda contienda de la Guerra Federal.
NARRADOR I: A comienzos del siglo XIX vivía en aquella populosa ciudad colonial uno de los más poderosos magnates nacido jamás en Venezuela. Se le conoce con el nombre de marqués de Pumar, contándose de él las más diversas e inverosímiles anécdotas: como fue su escandalosa petición al rey de embaldosar su casa con monedas. Es de advertir que la residencia del marqués es la actual Casa de Gobierno del estado, recientemente refaccionada y verdadera joya del arte colonial.
NARRADOR 2: Los pujos de este creso criollo quedaron sin efecto: el monarca español denegó su petición al argüir de que si las ponía de cara la gente pisarla su efigie, y si las colocaba de cruz pisaba las armas de España. Que si el señor marqués quería darse su gusto, que pusiera las monedas de canto. El marqués, como es de suponerse, renunció por onerosa a la real sugerencia. El señor de Pumar, símbolo de la nobleza criolla, murió nonagenario. No sabemos si alcanzó a oír la maldición que le lanzara a su casa un pordiosero venido de la paupérrima villa de Pedraza meses antes de que estallase la Guerra Federal, y su palacio fuese destruido e incendiado.
VOZ DE PORDIOSERO: Pedraza será Barinas, Barinas será Pedraza; y la casa del marqués, cagadero del que pasa.
AUTOR: Esta anécdota, que habla de la soberbia de un viejo o nuevo rico, aunque parezca mentira, ha sido ampliamente superada en nuestros días, como fácilmente puede demostrarse. Si un peso fuerte era del mismo tamaño de los antiguos fuertes que todos conocimos, y éstos tenían un diámetro de cuatro centímetros, quiere decir que veinticinco fuertes, uno tras otro, miden un metro; lo que a su vez quiere decir que cada metro cuadrado, de los que pensaba el marqués, valía seiscientos veinticinco pesos o fuertes, o lo que es lo mismo, tres mil ciento veinticinco bolívares. Si el marqués de Pumar regresara a nuestros tiempos se caería para atrás de la sorpresa y hasta le parecería irrisoria la cifra que hace más de un siglo parecía una locura, ya que el metro cuadrado de un mal apartamento, en el peor sitio de Caracas, excede esa cifra. Alcanzando un valor de ocho mil bolívares en algunos casos. Hoy en día si el marqués de Pumar extendiese sobre el suelo los pesos necesarios para comprar una vivienda, le faltaría espacio para colocarlos unos junto a otros.

Fundación Francisco Herrera Luque a LOS TERTULIEROS SE REÚNEN CON… BETSIMAR DÍAZ,  invitada a conversar sobre los 40 AÑOS DE LAS TONADAS DE SIMÓN DÍAZ.
Esta tertulia coordinada por Roberto Lovera de Sola, se realizará el sábado 01 de noviembre a las 11:00 am. en la sede de la Biblioteca Herrera Luque ubicada en la 3ra. avenida, entre 2da. y 3ra. transversal, Biblioteca Los Palos Grandes, sótano 2. Aporte Bs. 100,00. Información: fundacionherreraluque@gmail.com - www.fundacionherreraluque.org - 0212 2147966.

A 40 AÑOS DE LAS TONADAS DE SIMÓN DÍAZ
A mediados de la década de los años cincuenta, cuando se mecaniza el proceso de extracción de leche de vaca para cubrir el déficit que existía, Simón Díaz se da cuenta del riesgo que corre el género de la tonada llanera de desaparecer y es entonces cuando se encarga de recopilar y componer tonadas, incorporándolas a su repertorio. Betsimar, su hija, nos contará en detalles cómo fue el proceso y la historia de muchas de ellas.

“Alguna vez amamos, o dijimos amar,
la terquedad sombría de tu fuerza”
Armando Rojas Guardia, Patria

“Era domingo en la mañana, y tendida en mi cama, impregnada de miradas hacia lo vivido, intentaba detener el tiempo entre las cobijas, y una gran interrogante caía sobre mi frente y se cerraba cada vez que pensaba en mi vida, mi futuro, mi tierra, mis amigos, mis boleros, mis libros, mis días, mi todo, mi Patria pues. Estiré el brazo hasta mi mesita de noche y tomé «Mapa de desalojo» como quien busca respuesta en la poesía.
Duermes en el fondo de la casa
Entre tú y yo los muebles, las alfombras,
Los ruidos arbitrarios de la noche…

Todo me llevaba al encuentro con mi piel, con la nostalgia. Pensé en la transformación de un cuerpo en otro, uno enfermo, un joven detenido, el cuerpo de poeta que late en otro que se suma al dolor de un cuerpo libre. El azul congelado da luces al verde, a todo lo ancho y gozoso de esta tierra; la distancia, la penumbra y el recuerdo. Todo eso es esta mancha sombría que se llama país y pasa por mis recuerdos, me atormenta con sus nuevos fantasmas alegóricos de lo abstracto o de lo absurdo, no logro descifrarlos, no se parecen a mi historia, a mi vida, a ese antes.
Seguía acariciando «Mapa de desalojo» buscando alguna respuesta desde la poesía y luego de leer los primeros hallazgos de Adalber con Armando, su admiración y sus mágicas descripciones de esa voz «ronca, honda con olor a cigarrillo» —pensé en Víctor Cuica y me reí sola, encontré un parecido en las dos voces que admiro—  creí que podía escaparme de mis dudas y pensamientos, hurgando en la belleza de la poesía de Rojas Guardia que cala en lo más profundo, lo imaginé leyendo entonces: «Mística del árbol» estremeciendo en esa voz cada palabra; pero no fue así, mi instinto me jugó un señuelo y abrí Patria.
Entonces, intento dibujarla de nuevo, vuelvo a la piel, ahora a la lengua,  la realidad me quita los zapatos, ese curtiembre que me hace andar. Muevo los dedos y afuera veo —por la ventana—  un simulacro de ciudad. Escucho voces que me son ajenas, donde el martirio y esa «terquedad sombría» me hacen daño. Me quedo, tranquila y con miedo, porque todo empieza a hacerse desconocido. No sé cuál es la mejor hora, ni la peor para esconderme. Me refugio una vez más en este poema que me aturde y lo amo, y me duele cuando leo que: «te concibieron con vocación precisa del fracaso», entonces qué es lo que hacemos escondidos en esta mancha sin horizonte, me pregunto. Me siento entre benedictos, creando un claustro cada vez más cerrado para reinventarme y diseñar un nuevo modo de vivir, tal vez desde las entrañas.
Leo y releo Patria y me envuelve el «trapo contumaz de su bandera», me contamina y me hace llorar. Es la misma Patria que se nos pierde entre la maleza del dolor de quienes caminamos sus calles, escuchamos los pasos andariegos y veloces que intentan escapar de las ráfagas, de los secuestros, de la violencia. Con razón Armando la describe como vil y prostibularia, pero le declara su amor cuando «se atreve a cubrir su desnudez». ¡Cuánto dolor retumba en ese poema!
Esa temporalidad que me impone Patria, de un quizás mañana o un mañana sí…la duda inmensa de un pluscuamperfecto que no entiendo, me hace vivir desde las entrañas, creando, inventando, dando sabores y olores a mi madriguera. La ciudad que tengo no la conozco, no es Patria, quiero decir, no es mi Patria, es la Patria del poeta, más bien la del poema que esculpió, la recorro y de mucho recorrerla se me desdibujan los rostros que nunca vi, que no se parecen a nada.  Vuelvo al poema.
Y «al evocar calabozos, muchedumbres, hombres desnudos vadeando el pantano, llanto de mujer, un hijo…» La mirada regresa al capítulo miserable, al que nunca soñé, al que me atormenta, al encierro, a la injusticia, a ese llanto de mujer que describe el poeta y que lo escucho, ya no a lo lejos, sino cada vez más dentro de mí.
¿Me invento entonces una Patria?
O más bien diseño una ciudad cada vez que mis amigos me visiten para tratar de imitar la que tuve. Aquella que nos hacía reventar de risa y donde llorar un amor que se iba nos obligaba a recorrer algún bar, pasearnos por una calle canalla y entender que después que se va un amor, no nos queda otra, que volver a querer. Cualquier bolero era testigo de nuestro padecer, se convertía en telón de fondo de una novela que armábamos entre dos, la disfrutábamos, la inventábamos y seguíamos adelante.
Hoy me quedo sin zapatos, muevo nuevamente los dedos de mis pies, pongo el lápiz en mi boca esperando tener algo nuevo qué agregar, qué describir, qué definir, qué reprochar, por qué luchar. Le grito que no se venda, que no se deje más.
Mientras apuntan a mi corazón, me invento otra ciudad, invento una Patria que no existe, llegan mis amigos, le doy sabor a mi madriguera y la pinto de verde, ese verde que huele a humedad; hay olor a cardamomo en mi café. Pico cebolla y lloro. Mis perros me mueven la cola, me encierro, pero sé que no es para siempre.
Vuelvo a Patria, me refugio y me detengo en esa dificultad de sonreír que alude el poeta «levantando los hombros, desganado, y diciéndote con sorna, con ternura, mañana sí tal vez. Quizá mañana…»”
Elsy Manzanares
Septiembre 2014






Armando Rojas Guardia.PDF by Victor Manuel Camacho


Fundación Francisco Herrera Luque invita al Café de los sábados: “La experiencia de la mujer emigrante en la novela contemporánea”, con la historiadora Laura Margarita Febres, el 25 de octubre 2014, a las 11:00 am. en la sede de la Biblioteca Herrera Luque. Costo Bs. 100,00. Coordinación: Leonor Báez. Dirección: 3ra. avenida, Plaza Los Palos Grandes, sótano 2. Información: fundacionherreraluque@gmail.com - www.fundacionhererraluque.org - 0212 2147966.

Invitada: Laura Margarita Febres.
Coordinación: Leonor Báez.

Dossier: Laura Margarita Febres:
Licenciada en Letras UCAB, Master en Literatura Latinoamericana Contemporánea USB y Doctorado en Historia UCAB. Profesora de pregrado y postgrado en varias universidades del país. Acreedora de varios premios y reconocimientos a la investigación y a la creación intelectual. Editora de la Revista Anales de la UM; ha realizado importantes publicaciones como el artículo “El expolio del Obispo Mariano Martí y la riqueza colonial en la segunda mitad del siglo XVIII" (2005, UM). Sus últimas compilaciones son: A los Amigos Invisibles: Visiones de Arturo Uslar Pietri (2006, UM), La Mirada Femenina desde la Diversidad Cultural de las Américas (2008, UM) y La Religiosidad en el siglo XVIII Venezolano (2010, UM), La Mirada Femenina desde la Diversidad Cultural: Una muestra de su novelística de los años noventa hasta hoy ( Tomo II, 2013, UM).

La experiencia de la mujer emigrante en la novela contemporánea:

Una muestra del registro migratorio expresado por la mujer a través de 48 novelas publicadas entre 1960 y la primera década del siglo XXI, en las que hablan de su experiencia acerca de instalarse en otro país.

Según Herrera Luque: "Los sueños del oidor"

AUTOR: Hacia 1520 y tantos vivía en Santo Domingo, actual República Dominicana, un viejo oidor, de barba encanecida y ojos cansados de escribir las declaraciones de los descubridores que partían de la isla en busca de riquezas en el mundo recién descubierto. Su nombre era don Marcelo Villalobos y fue de los primeros colonizadores de América. Don Marcelo tenía muy mala opinión de los expedicionarios:

DON MARCELO VILIALOBOS: La mayor parte son homicianos, ladrones y mariscantes. Basta ver el sinnúmero de desorejados y desnarizados que pululan por las calles. Con gente de esta ralea no se puede fundar un pueblo. Malo habrá de ser el fruto si es ésta la semilla. No sin razón la mayor parte de las expediciones terminan en matanza; no entre ellos y los salvajes solamente sino entre ellos mismos.
OTRA VOZ: ¿Y qué haríais vos, don Marcelo, si os tocara en suerte elegir los hombres que a vuestro saber y entender habrían de ser los fundadores de una colonia?
DON MARCELO VILLALOBOS: Pues, ante todo, que fuesen hombres de paz. Nunca hombres de guerra, que si buenos son para domeñar al enemigo malos resultan para sedimentar cosas buenas y duraderas. Si en mis manos quedase la elección, que ya la tengo pensada, buscaría entre la gente buena de Santo Domingo: veinticuatro parejas de hombres de bien con sus respectivas mujeres sanas y bien formadas. Una pareja sería la del albañil, otra la del herrero, seis labradores y otra media docena de pastores, dos maestros de escuelas, por si en vida me faltase alguno. No olvidaría al poeta que tan bueno era para cantar proezas y alegrar las viejas ausencias. Un repostero me llevaría a la fuerza, igual que a un físico o cirujano, pues si el uno veía por la dicha, el otro nos defiende de sus excesos. Traeríame también un sacerdote de corazón y mente amplia, sin celos inquisitoriales. Llevaríame un sastre y tres parejas de marineros, dos carpinteros, y un hombre gordo para que rigiese la taberna del pueblo...
LA VOZ: ¿Y soldados?
VILLALOBOS: Ni uno solo...
LA VOZ: ¿Y qué haríais si vuestro pueblo fuese atacado por los indígenas?
VILLALOBOS: A donde pienso ir no hacen falta hombres de guerra. Los hombres y mujeres de tal sitio son alegres y de buena disposición...
LA VOZ: ¿A qué sitio os referís?
VILLALOBOS: A la isla que llaman de Paraguaychoa y que el almirante Colón bautizó La Margarita en honor de la princesa del mismo nombre, hija de los Reyes Católicos.
LA VOZ: ¿Y si os atacan corsarios franceses o ingleses, que tanto merodean por estas aguas?
VILLALOBOS: Me defenderé con mi gente...
LA VOZ: (Burlona) ¿Con sastres, albañiles y labriegos?
VILLALOBOS: No hay mejor ejército que el pueblo en armas, ni mejor soldado que aquel que defiende a los suyos...
LA VOZ: Vaya, vaya, don Marcelo, que me habéis hecho comprender lo que en estos seis meses que llevo en Indias no me daba en la sesera. ¿Queréis que os diga una cosa? (Pausa) Apenas me entreviste con el emperador hablaré de vos y de vuestros proyectos...
VILLALOBOS: (Escéptico) Ya estoy demasiado viejo. Su Majestad está lejana y vos lo estaréis más cuando os encontréis de vuelta. Volvámonos ya a la posada de la Aldonza que ya la tarde avanza y el hambre aprieta.
NARRADOR: La Aldonza era una mujerona muy guapa y decidida que con su madre administraba la mejor posada de Santo Domingo. Era una moza alegre que salvo el contrabando que ejercía a todo meter por vieja tradición de familia, era casta y honesta como la más recatada doncella de ultramar. A la Aldonza, a pesar de la gran diferencia de edad del oidor, placíale su presencia, deleitándose con verdadero embeleso con sus cuentos de aquellos lejanos días del Descubrimiento. De no haber sido un hombre severo consigo mismo, otro que no hubiese sido Villalobos hubiese creído que la guapa moza lo tentaba con sus meneos, y aunque más de una vez suspiraba profundo cuando ella pasaba a su lado contenía sus ímpetus en resguardo de su reputación y prestigio. Tan sólo una cosa le disgustaba de la Aldonza: su manía de contrabandear con cuanta cosa se le pusiera a tiro.
ALDONZA: Os tengo para esta noche un vinillo francés de rechupete que compramos ayer a un filibustero...
DON MARCELO: (Indignado) Pero, Aldonza, por Dios, que pecas por birlar al Fisco y comerciar con enemigos de Su Majestad...
ALDONZA: Vamos, don Marcelo, que para los crímenes que a diario vemos, el contrabando ni a pecado venial llega.
NARRADOR: Aldonza, siempre insinuante, tiraba de la lengua al oidor y le hacía sugerencias sobre su pretendida colonia de la felicidad.
ALDONZA: Yo vos, don Marcelo, me llevaría también un lengua para entenderos con los franchutes...
VILLALOBOS: ¿Y se puede saber para qué, señora mía?
ALDONZA: Para entenderos con ellos a la hora de meter un alijo de sedas o de chuchearías...
NARRADOR: Todo un año pasó desde aquel día en que don Marcelo refirió al consejero del rey sus planes de colonizador. Aquella tarde el viejo oidor entró violentamente en la posada agitando un puñado de papeles:
VILLALOBOS: ¡Aldonza! ¡Aldonza!
ALDONZA: ¿Pero qué os pasa, don Marcelo, que os veo tan sofocado?
VILLALOBOS: (Sofocado) ¡El rey! ¡El rey!... Su Majestad me ha concedido para su colonización y beneficio y por dos generaciones, la isla de Paraguaychoa o Margarita. Al final de mi vida, Dios y el rey han premiado mis desvelos. Y, tal como dije al comendador, mis colonos han de ser veinticuatro matrimonios, todos hombres de paz y de bien...
NARRADOR: Villalobos comenzó desde el primer día la recluta de sus colonos. A la semana, Aldonza, para su sorpresa, le hizo saber que había puesto en venta la posada.
VILLALOBOS: ¿Pero, qué vais a hacer? ¿Os retornáis por casualidad a España?
ALDONZA: Me marcho a Margarita con vuestros colonos...
VILLALOBOS: (Balbuceando)... Pero no puede ser, querida mía... El rey subrayó que todos deben ser parejas debidamente casadas...
ALDONZA: Me casaré...
VILLALOBOS: (Amoscado) antes tendré que conocerlo, por grande que sea mi consideración y afecto hacia vuestra persona... ¿Quién es él?
ALDONZA: (Riéndose) ¿Todavía no lo adivináis, viejo zonzo? Sois vos mismo.
NARRADOR: Don Marcelo y la Aldonza contrajeron nupcias. Dos meses más tarde, reclutada ya la gente, proba, bondadosa y honesta, la expedición tomó rumbo hacia La Margarita con retoño florecido en el vientre de la posadera. El destino quiso, sin embargo, que al igual que Moisés, don Marcelo muriese con los ojos puestos sobre la tierra prometida. Aldonza, como viuda del encomendero, puso en marcha la colonia tal como la soñase su esposo y padre de su hija, a quien en su recuerdo bautizaron Marcela.
La semilla dio sus frutos. Los hombres de La Margarita fueron hombres de paz, hasta el punto de ser desconocidos entre ellos los delitos de sangre, aunque fuesen capaces de batirse como leones ante el enemigo como sucedió en Matasiete, durante la Guerra de Independencia. Aldonza gobernó la isla por muchos años al igual que su hija y su nieta. Tan sólo un pequeño defecto se filtró por obra de la posadera: la manía isleña del contrabando.

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